Come primero, después salvas al mundo
Te contaré algo: las peores decisiones de mi vida las tomé con hambre. Sí, literal, con hambre. Podrás decir que eso no tiene nada que ver con elegir el camino correcto, pero te diré que sí; comer es la base fundamental para decidir bien.
¿Has notado alguna vez a los empresarios en sus juntas de inversión? Casi siempre ocurren en un restaurante. ¿Te has preguntado por qué? No es solo un despliegue de dinero; es porque las mejores decisiones se toman desde la tranquilidad. Y, por burdo que parezca, comer da esa paz, esa energía y ese enfoque.
Pasé algunos años de mi vida comiendo y durmiendo mal. Te confieso que fueron los peores años que he tenido. Tomaba una mala decisión sobre otra porque, en algún momento, perdí el control sobre el simple hecho de alimentarme; perdí incluso la capacidad de elegir cuidarme.
No te cuento esto como una historia triste, sino para explicarte por qué empezó todo: cuidarte a ti mismo es más importante que cuidar a los demás. Alimentarte, dormir, buscar una distracción para meditar, ejercitarte… ¡vamos!, hasta sentarte en el suelo a tomar algo tranquilo es de gran ayuda.
Tal vez leas esto desde una oficina lujosa y pienses que es una tontería porque estás acostumbrado al ritmo fuerte, o tal vez lo leas en el transporte de camino al trabajo, o sentado en la calle pensando que lo que digo es un disparate. Sea donde sea que estés, te doy el consejo que cambiará tu rumbo: come, duerme, descansa… y después, salvas al mundo.
Imagínate que estás en una batalla feroz por tus sueños y, justo cuando estás a punto de lograrlo, te falta esa pizca de energía y pierdes. Si eso no te convence, piénsalo así: que tu familia dependa de ti y enfermes por no cuidarte. Que tus hijos te vean desfallecer frente a ellos porque tu salud falló.
Ya no suena tan irrelevante, ¿verdad? Pasar hambre no es un acto de estoicismo, es la forma más rápida de fallar. No dormir por días no te hace alguien fuerte; es una señal clara de que el sistema que usas no funciona.
No te pido que cambies todo de golpe. Empieza por lo más simple: come. Y de ahí, paso a paso. Primero tú, y después el mundo.
Así que ya sabes: primero come, y después… después salvas al mundo.

