¿Eres el dueño de tu destino o solo un robot social?
¿Cuál es tu sueño? Parece una pregunta sencilla, casi de cortesía. Probablemente me respondas de inmediato: “Yo sí sé cuál es mi sueño”. Pero antes de seguir, déjame hacerte una pequeña auditoría de vida:
Si realmente lo conoces, ¿qué has hecho hoy para alcanzarlo?
Si no has hecho nada, ¿podrías decirme al menos los pasos que debes seguir?
¿No? Hagámoslo más fácil: ¿Puedes decirme un solo paso?
Si lograste responder a esa última pregunta, ya estás kilómetros por delante de la mayoría. Si no pudiste, no te castigues; no estás solo. Todos hemos pasado por ese desierto donde no sabemos ni por dónde empezar.
El cementerio de los anhelos desplazados
Nuestros sueños nacen en la niñez. Son puros, brillantes y parecen posibles. Sin embargo, no mueren; simplemente son desplazados. La vida diaria nos empuja, la necesidad de sobrevivir se vuelve la única prioridad y, lo más doloroso, nuestro círculo social empieza a levantar muros.
“No puedes”, “No debes”, o la frase que más me dolió a mí: “No digas tonterías”.
Esas palabras actúan como ácido sobre nuestra voluntad. Poco a poco, dejamos de escuchar a nuestro niño interior para escuchar el ruido del mundo.
La deuda más cara: La que tienes contigo mismo
Cada sueño no cumplido es una deuda pendiente. Y esa deuda es la razón por la que hoy sientes ese vacío en el pecho. Al abandonar tus anhelos, corres el riesgo de convertirte en algo más trágico que un robot: te conviertes en un engranaje social.
Un robot, al menos, sabe para qué fue creado. Un ser humano que solo sobrevive, que solo espera el día de descanso para hacer lo que otros quieren y no lo que dicta su alma, ha perdido su propósito.
Un momento de silencio para encontrarte
Lo bueno de estas palabras es que las estás leyendo en la intimidad de tu mente. Nadie te ve. Nadie te juzga. Es el momento perfecto para revolver un poco tus pensamientos y rescatar esos sueños que dejaste en el camino.
El reto Kitsunecore: Tómate un segundo. Si hoy no tienes un sueño, tu nueva misión es encontrar uno. No importa si es hoy, mañana o en un mes. Pero no te permitas seguir viviendo en “modo automático”.
Tú no naciste para ser un robot. Tú naciste para crear.





